¿Sabes lo que echo de menos? Las pequeñas charlas que teníamos desnudos en la cama, cuando jugábamos a ser uno. También echo de menos tus piernas y tu cuello, tu piel sudada, claro,y también los gemidos que salían de tu boca cuando estábamos unidos, pero sobre todo echo de menos las conversaciones sobre el colchón. En esos momentos nos escuchábamos de verdad, parecía que no solo se fundían nuestros cuerpos, sino también nuestras mentes, y eramos entonces más "uno" que nunca. Tus ojos brillantes y la forma en que te recogías el pelo también lo extraño, pero sobre todo la forma en que nos escuchábamos. Ahí era cuando todo parecía durar para siempre, nada podía salir mal, absolutamente nada podía salir mal... nada de nada. Qué ingenuos eramos.
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